La fijación de un salario mínimo es una política del mercado laboral que tiene objetivos re distributivos. La lógica de esta política es mejorar los ingresos de los estratos salariales más pobres, en parte para corregir potenciales diferencias en el poder de negociación entre empleadores y trabajadores. Pese a que los objetivos teóricos del salario mínimo son de interés social, debe tenerse en cuenta que la literatura internacional encuentra que los efectos de dicha política varían de forma importante según el contexto. Con esto en mente, resulta esencial entender qué dice la investigación empírica sobre los posibles efectos de aumentar el salario mínimo en un país como el Perú.
Las investigaciones centradas en los efectos de un aumento en la remuneración mínima (RM) sobre los niveles salariales en el Perú encuentran que dichos efectos tienden a ser acotados a un grupo específico de la población, por ejemplo, asalariados formales que ganan alrededor del nivel del salario mínimo. Dada esta característica, se encuentra que el salario mínimo no se traduce en cambios de la distribución salarial más allá de los trabajadores formales de ingresos bajos. Tampoco se encuentran efectos sobre el empleo en el sector formal, aunque sí hay efectos positivos (pequeños) en el empleo informal.
Dado que el salario mínimo es una política con efectos directos que se limitan exclusivamente a los trabajadores dependientes formales del sector privado con un salario muy cercano a la RM, el número de beneficiarios será bastante reducido. Así, un aumento de la RM actual de 750 a 800 soles beneficiará potencialmente a menos de 1% de la PEA ocupada (132 mil trabajadores asalariados formales). Si adicionalmente se toma en cuenta que los trabajadores del sector formal no están entre aquellos con menores ingresos en el país –típicamente se encuentran en la mitad superior de la distribución de ingresos.








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